Una introducción
«Ratzinger es sin duda uno de los teólogos más conocidos y más discutidos del siglo XX», ha afirmado un autor italiano[1]. Y parte del XXI, podríamos añadir. Tal vez por esto, Henri de Lubac sostenía que el entonces cardenal bávaro «no tiene miedo de abordar en público ni los temas fundamentales ni los problemas de actualidad, y siempre con calma, sencillez, mesura, gran respeto a las personas y con una sonrisa»[2]. Existe un gran número de recensiones –aseguraba un cronista alemán en 1987–, artículos en obras colectivas, conferencias, homilías e intervenciones en la radio. «Solo por la cantidad de intervenciones se puede adivinar por qué interesa a un círculo cada vez mayor de teólogos»[3]. Sin embargo, él mismo ha declarado al mismo tiempo que no ha buscado elaborar un pensamiento original y propio, como han hecho otros autores del siglo XX[4]: «Nunca he buscado tener un sistema propio ni elaborar mis propias teorías. Quizá lo específico de mi trabajo, si queremos decirlo así, podría consistir en que me gusta pensar con la fe de la Iglesia y eso supone, para empezar, pensar con los grandes filósofos de la fe. Significa que no elaboro una teoría aislada, sino lo más amplia posible y siempre abierta a otras formas de pensamiento dentro de la misma fe»[5].
Su teología sería así una con-teología, una teología en diálogo con la Iglesia, la historia y la misma realidad. Joseph Ratzinger –ha escrito por su parte el teólogo canadiense Réal Tremblay– «se encuentra entre los mejores teólogos de nuestro tiempo.
Se esté de acuerdo o no con él, su pensamiento ejerce hoy día una fascinación por su amplitud y profundidad, su originalidad y su relación con la vida. Tiene algo del atractivo de las grandes catedrales góticas»[6].
Carlo Maria Martini, conocido biblista y hombre de Iglesia, afirmaba que «la orientación del cardenal Ratzinger ante este cambio de época proviene, en primer lugar, de su fe y de su rectitud; en segundo lugar, de su pericia teológica y de su extraordinaria capacidad dialéctica y, en fin, […] de su propia biografía»[7]. El teólogo inglés Aidan Nichols, por su parte, acaba su libro sobre la teología de Ratzinger recordando la doble dimensión de tradición y modernidad en la teología de Ratzinger[8]. El salmantino Olegario González del Cardenal concluía con el siguiente veredicto: «La obra de Ratzinger es un diálogo con todo lo que ha acontecido en los años que van desde la clausura del concilio hasta nuestros días»[9].
Al resumir la historia personal del teólogo bávaro en una laudatio académica, observaba Pedro Rodríguez: «Una preclara inteligencia y esa vigorosa manera de hacer teología, antes y después del Concilio Vaticano II, hicieron que Joseph Ratzinger destacara de manera singular en la difícil coyuntura de los años setenta y ochenta [del siglo XX]. Se entiende que Pablo VI lo situara al frente de la Iglesia en Baviera, su patria, y que Juan Pablo II […] encomendara después a este ilustre pastor y teólogo la gravísima tarea que hoy desempeña en la Iglesia»[10]. Incluso después de haber sido elegido sucesor de Pedro, sigue siendo uno de los teólogos más conocidos, leídos y escuchados en la actualidad. En esto parece haber un acuerdo unánime. Existe, sin embargo, al mismo tiempo una difundida tesis de que hay un primer y un segundo Ratzinger[11], mientras autores más recientes insisten en que «la visión teológica de Ratzinger […] ha mostrado una clara continuidad durante más de cincuenta años» [12].
Más que entrar en una dialéctica entre progresistas y conservadores, Ratzinger querría más bien ir a los orígenes, back to fundations, como dice Nichols[13]. Reforma, no ruptura: es esta la tesis que queremos probar en estas líneas.
Esta rápida clasificación deja en un segundo plano otras facetas de su vida, como el que haya conocido y estado en contacto directo o indirecto con las principales figuras de la teología del siglo XX, como Karl Barth, Romano Guardini, Michael Schmaus, Yves Marie Congar, Henri de Lubac, Karl Rahner, Hans Küng, Leo Scheffczyk, Hans Urs von Balthasar… Ha sido también uno de los protagonistas del Concilio Vaticano II y un testigo de excepción de su posterior aplicación, sobre todo en la Iglesia centroeuropea.
Su responsabilidad pastoral como arzobispo de Múnich y Frisinga le hizo consciente de la difícil tarea de aplicar el mensaje del concilio. Más adelante, como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe, adquirió una visión teológica todavía más amplia, al contar con la perspectiva privilegiada que proporciona el conocer la situación de la Iglesia y de la investigación teológica en todo el mundo. Su teología –podríamos decir– se ha «globalizado»[14]. Esta amplitud no debe ir, sin embargo, en detrimento de la profundidad de su pensamiento. En Ratzinger –afirmaba Kraning– se combina el pensamiento teológico con el antropológico: «el pensamiento sobre el hombre lleva a Ratzinger a reflexionar sobre Dios», y viceversa[15]. «Nunca en la historia –resumía el historiador Pell– ha publicado un papa tanta teología de tanta calidad y sobre tantos temas tan diferentes como el papa Benedicto XVI»[16].
Ratzinger posee –sostiene Tura– «una visión teológica en la que late un corazón y una carga de esperanza, una reflexión que busca la solución de los problemas no solo en el plano teórico, sino en la vida de la Iglesia: una reflexión que orienta a una sabiduría, sinónimo de una vida vivida a la luz de Cristo, a pesar de experimentar los sufrimientos propios de una fe concreta»[17]. Un antiguo alumno suyo de Ratisbona –en la actualidad, cardenal de Viena– afirmaba que «es el más joven del amplio abanico de teólogos que marcaron el Vaticano II, y es ciertamente uno de los grandes por su capacidad espiritual
y teológica»[18]. «No dudo en compararlo –añade en otro lugar– a la gran familia de teólogos del siglo XIII: a Alberto Magno, a Tomás de Aquino, a Buenaventura»[19]. El eclesiólogo Ricardo Blázquez, actual arzobispo de Valladolid, destacaba por su parte la tarea y las virtudes de su teología: «Proponer la fe, clarificarla y defenderla, mostrar su carácter razonable, ha sido el precioso servicio que sacrificada y generosamente ha cumplido en la Iglesia. Posee el don de la palabra escrita. Sus formulaciones son precisas, simplifican lo complejo, hacen accesible lo profundo, edifican espiritualmente, son brillantes y bellas»[20].
El rigor se uniría en su teología con la actualidad y la vida presente. «Ratzinger en el fondo –de nuevo habla el teólogo salmantino– siempre ha sido un profesor para quien la razón y el rigor, la demostración y el diálogo estaban en primer plano, porque presuponía un dialogante del mismo nivel y preocupado por los mismos problemas: la fe como hecho particular fundador, como verdad universal y como vida nueva presente en la Iglesia. Sin embargo, desde sus mismos comienzos le ha preocupado la conexión entre dogma y predicación, verdad y vida, ejercitándolas él mismo en sus homilías y ciclos de mensajes radiofónicos»[21]. No es un intelectual encerrado en su torre de marfil. Uno de sus doctorandos en Ratisbona afirmaba, por su parte, que «lo que es único de Ratzinger es su capacidad para hablar a todos los niveles de la sociedad. Difícilmente ningún teólogo ha logrado hablar al corazón y a la mente de las personas como lo consigue Ratzinger, hasta el punto de cambiar sus propias vidas»[22]. Su teología recorre todos los campos del saber teológico; todas las secciones de una biblioteca de teología tienen algún libro suyo.
Es por otra parte evidente que propone todo un estilo teológico. «El equilibrio y la serenidad –escribe Tura– siempre presente en sus escritos lo hacen agradable por afrontar y profundizar de modo constructivo el discurso, descubriendo de modo inteligente los puntos débiles de su interlocutor y respondiendo con lucidez y sin acritud»[23].
Gerhard Ludwig Müller –catedrático de teología dogmática y actual obispo de Ratisbona– afirmaba que «Benedicto XVI, a lo largo de su larga actividad académica como profesor de teología fundamental y dogmática, ha elaborado una obra teológica que le sitúa entre los mayores expertos de los siglos XX y XXI. Desde hace más de cincuenta años, al nombre de Joseph Ratzinger se asocia una visión de conjunto original de la teología sistemática»[24]. Una teología entre dos milenios, que recoge lo mejor del siglo XX y lo proyecta hacia el principio de la siguiente centuria. Ratzinger –continuaba el editor de sus obras completas en alemán– siempre ha podido recurrir en su actividad científica «a su admirable conocimiento de la historia de la teología y de los dogmas, que transmite de manera brillante, haciendo hincapié en la visión divina del ser humano, sobre la que se fundamenta todo»[25].
Con una cierta perspectiva histórica añadía Müller que «es uno de los mayores teólogos en la sede de Pedro»[26]. El estaunidense Thomas P. Rausch nos ofrece también un interesante retrato intelectual: «como teólogo, el papa Benedicto XVI es tremendamente competente. A la hora de discutir los textos bíblicos y su significado, de los padres de la Iglesia o los escritos de teólogos o filósofos contemporáneos es un hombre de cultura y con gran capacidad de aprender. […] Uno no puede más que permanecer fascinado ante la amplitud de sus enseñanzas. […] Tiene algo de polemista.
Ha respondido de modo directo a las críticas, pero no usando el sarcasmo o despreciando los argumentos contrarios al considerarlos como frívolos. Ha expresado su escasa afinidad con los textos abstractos de teología, a pesar de que puede ser tan abstracto como un filósofo. Hay algo de pasión en sus escritos, un deseo de presentar la verdad de la fe tal como él la ve por medio de su testimonio en el mundo»[27]. Su pensamiento se fundamentaría en definitiva –según un arzobispo de tierras asturianas– en la fe, en la
razón y en la belleza, como sus tres principales pilares: «una fe que tiene razones y una razón que se hace creyente; una hondura que se expresa con sencillez porque bebe en la mejor tradición de la Iglesia, y una belleza que suscita el estupor ante la verdad y la adhesión al bien»[28]. Sin embargo, como ya se dijo en 1974, «Ratzinger no ha soñado jamás con presentarse como la única voz teológica en la Iglesia»[29].
Pienso que estos testimonios sean suficientes para dar razón de estas páginas, en las que recojo algunos artículos que he ido publicando a lo largo de todos estos años. Mi empatía con la teología de Ratzinger empezó con el tono existencialista y personalista de la Introducción al cristianismo, tras mis estudios sobre estas corrientes de la filosofía[30].
Seguí después con un acercamiento biográfico a la figura del teólogo alemán[31], y más adelante me ocupé en mi tesis doctoral de la teología fundamental y de las religiones, así como del concepto de teología en el pensamiento de Joseph Ratzinger[32]. A partir de entonces he realizado diversas calas –unos estudios histórico-teológicos– en el pensamiento del teólogo Ratzinger, que he ido publicando en diferentes revistas y que he actualizado después con la bibliografía posteriormente publicada. Al mismo tiempo, profundizaba en el pensamiento de Martín Lutero y de otros teólogos protestantes, que han resultado ser un interesante contrapunto[33].
Jutta Burggraf (†), una profesora alemana de nuestra universidad, me dijo que un buen modo de aprender teología actual podría ser ir recorriendo los distintos textos de Ratzinger –dispersos pero unitarios– respecto a las distintas partes de la teología. Ratzinger es un buen maestro en teología.
Me pareció una buena idea, y sirvan como intento y homenaje las siguientes páginas.
En principio, el interés que me movía era abordar el pensamiento anterior a la elección de Joseph Ratzinger como obispo de Roma, pero he tenido que referirme también al magisterio de Benedicto XVI. Como decíamos, el actual pontífice no es un pensador sistemático en el sentido habitual del término, pero sí profundamente orgánico en sus desarrollos. Como afirma Hahn, Ratzinger «no es tanto un pensador sistemático, sino más bien sinfónico», mientras Murphy apela a la inner consistency de sus escritos[34]. He intentado seguir esta pista y buscar ese hilo conductor en su pensamiento.
Lógicamente, al publicar estos artículos ahora todos juntos he procurado abreviarlos y evitar repeticiones, a la vez que mostrar la unidad entre los diferentes temas. Pretendo seguir más o menos el orden genético de estos «conceptos fundamentales» que van surgiendo en la teología de Joseph Ratzinger. Por una parte, he procurado siempre mantener un estilo introductorio, en el que primen las fuentes sobre la bibliografía secundaria, la cual aparece sobre todo reseñada a pie de página. Además, he intentado que esta fuera siempre una ayuda para el lector que se quisiera enfrentar a la lectura misma de los textos de este teólogo alemán. Se trata tan solo de ofrecer «un mapa de su viaje teológico», una «vista aérea» de su pensamiento, como dice Mannion[35].
Nos encontramos, pues, sobre todo ante una guía, una síntesis, una introducción, una invitación a la lectura de las fuentes. En esta síntesis, hemos dividido los temas fundamentales de la teología ratzingeriana en distintos apartados. En primer lugar, tras un breve recorrido histórico para conocer los maestros de la teología ratzingeriana, nos hemos referido a lo que hemos llamado las fuentes de su pensamiento: junto a la Escritura, la liturgia, la Iglesia y el mismo arte –sobre todo la música– constituyen puntos de partida de su pensamiento teológico. Vendrán después los denominados fundamentos: en primer lugar, el principio de la persona, que presenta su solidaridad originaria con la fe y la razón, la verdad y el amor. En lo que se refiere a los desarrollos y como concreción de dichos principios, el teólogo alemán se encontrará profundamente marcado por la «experiencia del concilio», cuya doctrina aplica al ecumenismo, a la teología del ministerio e incluso en sus ideas sobre la predicación, la escatología y la mariología. En fin, abordaremos aquí lo que se refiere a la praxis: en su época de obispo, Ratzinger se ha centrado en la teología de la creación y el misterio eucarístico y, como prefecto, su foco de interés se ampliará hacia la catequesis, Cristo y las religiones, sin olvidar una breve reflexión sobre las raíces cristianas de Europa.
[1] U. Casale, «Introduzione» a Fede, ragione, verità e amore. La teologia di Joseph Ratzinger. Un’antologia, Lindau, Torino 2009, 26.
[2] H. de Lubac, Diálogo sobre el Vaticano II, BAC, Madrid 1985, 123.
[3] J. Finkenzeller, «Das wissenschaftliche Werk von Joseph Cardinal Ratzinger», Klerusblatt 67 (1987) 138. Vid. también R. Tura, «La teologia di J. Ratzinger. Saggio introduttivo», Studia Patavina (1974) 148-149; V. Pfnür, «Mitte des Glaubens und Konturen des konstitutiv Christlichen», AA. VV., Vom Wiederauffinden der Mitte. Grundorientierungen. Texte aus vier Jahrzehnten, Herder, Freiburg – Basel – Wien 1997, 17.
[4] Cfr. R. Tura, «La teologia di J. Ratzinger. Saggio introduttivo», 149.
[5] La sal de la tierra. Cristianismo e Iglesia católica ante el nuevo milenio, Palabra, Madrid 1997, 72.
[6] R. Tremblay, «L’Exode, une idee maîtresse de la pensee theologique du cardinal Joseph Ratzinger?», Studia Moralia 28 (1990) 523, cfr. A. Fermet – R. Marlé, Théologies d’aujourd’hui, Le Centurion, Paris 1973, 93-136; G. B. Mondin, Dizionario dei teologi, ESD, Bologna 1992, 490-497.
[7] C. M. Martini, «Un servitore della fede e della tradizione», J. Clemens – A. Tarzia (eds.), Alla ricerca della verità, San Paolo, Cinisello Balsamo 1997, 187.
[8] Cfr. A. Nichols, The theology of Joseph Ratzinger: an introductory study, T. & T. Clark, Edimburgh 1988, 296; H. Wansbrough, «La teología de Joseph Ratzinger», Revista de libros 130 (2007) 3-6.
[9] O. González de Cardedal, «Introducción», El espíritu de la liturgia, Cristiandad, Madrid 2001, 22.
[10] P. Rodríguez, «La fe de un teólogo», L. F. Mateo-Seco – J. M. Calvo (eds.), El cardenal Ratzinger en la Universidad de Navarra. Discursos, coloquios y encuentros, pro manuscripto, Pamplona 1998, 22.
[11] R. Tura, «Joseph Ratzinger», P. Vanzan – H. J. Schulz (eds.), Lessico dei teologi del secolo XX, Brescia 1978, 750-752. Esta postura viene expuesta de modo amplio –en la línea de Küng– por Hermann Häring en Theologie und Ideologie bei Joseph Ratzinger (Patmos, Düsseldorf 2001), donde se propone el supuesto Wende como clave interpretativa de todo su pensamiento (cfr. 22-40), a lo que se une la continua acusación a Ratzinger de «platonismo» y de Meinungsdiktatur (cfr. 195-198). Le reprocha a su vez un enfoque ideológico y «teopolítico» con argumentos históricos, sociológicos e ideológicos de claro cuño centroeuropeo, al mismo tiempo que clama por una alianza con el pensamiento posmoderno (cfr. 195-198). Llama, sin embargo, la atención las poco frecuentes referencias a los textos ratzingerianos.
[12] L. Boeve, «Introduction. Joseph Ratzinger: his life, work and thought», G. Mannion, «Preface. Mapping a theological journey», L. Boeve – G. Mannion, The Ratzinger Reader, T & T Clark, New York 2010, 12; L. Boeve, «“La vrai réception de Vatican II n’a pas encore commencé”. Joseph Ratzinger, Révélation et autorité de Vatian II», en G. Routhier – G. Jobin (dir.), L’autorité et les Autorités. L’hermeneutique théologique de Vatican II, Unam Sanctam, Nouvelle Série 3, Cerf, Paris 2000, 13-50; puede verse también en esta misma línea: W. Kraning, «Einleitung», W. Kraning (Hg), Ich glaube, Leipzig 1979, 13, donde habla más bien de una messianische Theologie siempre coherente con sus principios; F. Schüsler Fiorenza, «From theologian to pope: A personal view Back, past the public portrayals», Harvard divinity bulletin 33 (2005/2) 56-62; J. A. Komonchak, «The Church in crisis: Pope’s Benedict theological vision», Commonweal (3. 6. 2005) 11-14; C. Gutiérrez, «Presupuestos de la teología de J. Ratzinger», Ecclesia (2007/2) 215-216; T. Rowland, La fe de Ratzinger. La teología del papa Benedicto XVI, Nuevo Inicio, Granada 2008, passim; U. Casale, «Introduzione» a Fede, ragione, verità e amore. La teologia di Joseph Ratzinger. Un’antologia, 51, n. 112.
[13] Cfr. A. Nichols, The theology of Joseph Ratzinger: an introductory study, T. & T. Clark, Edimburgh 1988, 225-240.
[14] Su abundante bibliografía y los estudios sobre su obra pueden verse en: W. Baier et al. (eds.), Weisheit Gottes, Weisheit der Welt: Festschrift für Joseph Kardinal Ratzinger zum 60. Geburtstag, EOS, St. Ottilien 1987, 3-77; A. Nichols, The theology of Joseph Ratzinger: an introductory study, 297-332; H. Petri-G. Schuttermayr-K. Hausberger-W. Beinert-G. Hilger (Hg.), Tradition und Innovation. Festschrift für Joseph Kardinal Ratzinger, Verlag Friedrich Pustet, Regensburg 1997, 309-315; J. Ratzinger, Weggemeinschaft des Glaubens. Kirche als Communio, Sankt Ulrich, Augsburgo 2002, 262-325; P. Blanco, Joseph Ratzinger. Razón y cristianismo, Rialp, Madrid 2005, 245-300 y, sobre todo, V. Pfnür (Hg.), Das Werk. Veröffentlichungen bis zur Papstwahl, Sankt Ulrich, Augsburg 2009, passim.
[15] Cfr. W. Kraning, «Einleitung», 12.
[16] G. Pell, «Prólogo», T. Rowland, La fe de Ratzinger. La teología del papa Benedicto XVI, xiii.
[17] R. Tura, «Joseph Ratzinger», 757.
[18] «Cardenal austriaco en espera del Papa: El cristianismo, la vía del futuro (I). Entrevista al cardenal Christoph Schönborn», Zenit (3-9-2007).
[19] C. Schönborn, Sfide per la Chiesa, ESD, Bologna 2007, 24.
[20] R. Blázquez, «Presentación», Conferencia Episcopal Española (ed.), Benedicto XVI. Todo lo que el Cardenal Ratzinger dijo en España, Edice, Madrid 2005, 11-12.
[21] O. González de Cardedal, Ratzinger y Juan Pablo II, Sígueme, Salamanca 2005, 114.
[22] C. E. Olson, «The Theological Genius of Joseph Ratzinger. An Interview with Fr. D. Vincent Twomey», http://www. ignatiusinsight. com/features2007/vtwomey_interview_ jun07.asp (24-5-2009). Puede verse también V. Twomey, Benedikt XVI. Das Gewissen unserer Zeit. Ein theologisches Portrait, Sankt Ulricht, Augsburg 2006, 9-14.
[23] Ibíd., 149.
[24] «Bischof Dr. Gerhard Ludwig Müller: Die Gesammelten Schriften Joseph Ratzingers. Vorstellung des Eröffnungsbandes im Vatikan», Zenit (23-10-2008).
[25] Ibíd.
[26] Ibíd.
[27] T. P. Rausch, Pope Benedict XVI. An introduction to his theological vision, Paulist Press, New York/Mahwah 2009, 40.
[28] J. Sanz Montes, «La estela de las sandalias de Pedro», J. L. Restán, Diario de un pontificado, Encuentro, Madrid 2008, 11-12.
[29] R. Tura, «La teologia di J. Ratzinger. Saggio introduttivo», 182.
[30] Cfr. Hacer arte, interpretar el arte. Estética y hermenéutica en Luigi Pareyson, Eunsa, Pamplona 1998; «Luigi Pareyson (1918-1991): un itinerario filosófico», Espíritu LI/126 (2002) 241-257; «Los Karamazov discuten. Dios y el mal en Dostoievski», Espíritu LIII (2004) 77-85.
[31] Joseph Ratzinger. Una biografía, Eunsa, Pamplona 2004; traducción al portugués: Joseph Ratzinger: uma biografia; tradução Emérico da Gama; seleção de textos Henrique Elfes, Quadrante, São Paulo 2005.
[32] Joseph Ratzinger. Razón y cristianismo. La victoria de la inteligencia en el mundo de las religiones, Rialp, Madrid 2005; prólogo de José Morales; Joseph Ratzinger: vida y teología, Rialp, Madrid 2006.
[33] Sobre todo La Cena del Señor. La Eucaristía en el diálogo católico-luterano después del concilio Vaticano II, Eunsa, Pamplona 2009.
[34] S. W. Hahn, Covenant and Communion. The Biblical Theology of Pope Benedict XVI, BrazosPress, Grand Rapids 2009, 16; cfr. J. Murphy, Christ our joy. The theological vision of Pope Benedict XVI, Ignatius, San Francisco 2008, 10.
[35] Cfr. G. Mannion, «Preface. Mapping a theological journey», L. Boeve – G. Mannion, The Ratzinger Reader, XIII-XVII.