Índice de contenido
PRESENTACIÓN
PRIMERA PARTE FUENTES
1.PRIMEROS MAESTROS
Newman y Guardini
Existencia y persona
Agustín de Hipona
Buenaventura y Tomás de Aquino
Escritura, liturgia, filosofía
Los mejores maestros
1.LA BELLEZA
2.MÚSICA CELESTIAL
Dios y la música
Música en la iglesia
Morada divina
Iconos e imágenes
Bach y Mozart
La belleza de Cristo
III. LA LITURGIA
El movimiento litúrgico
Concilio y posconcilio
Fiesta, sacrificio y solemnidad
Un «nuevo movimiento litúrgico»
Una teología litúrgica
Marta y María
1.LA ESCRITURA
2.REVELACIÓN, ESCRITURA, TRADICIÓN
Revelación y Escritura
Escritura y tradición
La lectura en la Iglesia
Criticar la crítica
434
Fe, razón e historia
Una propuesta personal
1. LA IGLESIA
2. SACRAMENTUM
La eclesiología eucarística
La sacramentalidad de la Iglesia
La colegialidad de los obispos
La Lumen gentium
Ministerio y comunidad
Comunión eclesial y eucarística
SEGUNDA PARTE PRESUPUESTOS
1. LA PERSONA
2. «DIOS ES PERSONA»
Una clave teológica
El principio «persona»
Unidad y multiplicidad
La persona como relación
La dignidad de la persona
Cristo, imagen perfecta
1. LA FE
2. Conversión y encuentro
Fe, duda y conversión
Don personal e interpersonal
Unitotalidad del acto de fe
Experiencia y conocimiento
La Iglesia, lugar de la fe
Fe y bautismo
III. LA RAZÓN
Culturas y verdad
Verdad y amor
Atenas y Jerusalén
Logos y dabar
Una nueva relación
435
Una «nueva Ilustración»
1. LA VERDAD
2. Verdad, conciencia, libertad
La «cuestión de la verdad»
La cuestión de la conciencia
Dios, verdad y conciencia
Conciencia, ley y libertad
La renuncia a la verdad
Etsi Deus daretur
Amor
Logos y eros
Eros y agape
Amor fontal
Amor recibido
Crecer en amor
Amor total
TERCERA PARTE DESARROLLOS
Ecclesia de Eucharistia
Corpus Christi
La palabra y el ministerio
Episcopado y primado
El nuevo pueblo de Dios
Anglicanos y reformados
La Ortodoxia y la Reforma
Sacramento
Ordenación y ministerio
Sacerdos in aeternum
Ministerio apostólico
Ministerio petrino
La palabra y los sacramentos
Cristo, apóstoles, ministros
III. LA PREDICACIÓN
La predicación ayer y hoy
La Iglesia, morada de la Palabra
Volver a las fuentes
Dogma y kerigma
Creación, logos y conversión
Parábolas y santidad
Historia, metafísica y escatología
La historia de la salvación
Utopía y escatología
Muerte e inmortalidad
¿Anima platonica?
Amor y eternidad
El libre destino eterno
El debate sobre María
Cristo y María
La «cuestión mariana»
La Hija de Sión
Inmaculada y elevada a los cielos
La «primera Iglesia»
El «sí» de María
CUARTA PARTE PRAXIS
Acción y presencia
¿Transustanciación?
Cena, muerte y resurrección
La teología del domingo
Adoración y participación
De la comunión
Hacia la misión
«En el principio»
¿Logocentrismo?
Logos y ley natural
El amor creador
¿Una ética mundial?
La voz de la conciencia
Conciencia y ley natural
III. LA CATEQUESIS
Los problemas
¿Una solución?
El sínodo de 1985
El proceso de redacción
El lugar del catecismo
Un fruto maduro
La hermosa Europa
Los orígenes
La modernidad
Islam, Ilustración y marxismo
Consumismo y decadencia
Ethos, derecho y religión
Cristo en Europa
Razón y cristianismo
¿Semillas del Verbo?
La religión del logos
Salus ex iudeis!
Israel y la Iglesia
Diálogo y anuncio
El valor de las religiones
Tesis sobre Jesús
Crux et gloria
438
La unidad en Cristo
Cristo y la ontología
El Logos y las religiones
Fe y contemplación
Jesús el Cristo
CONCLUSIONES
Fuentes
presupuestos
Desarrollos
Praxis
NOTA BIBLIOGRÁFICA
PRESENTACIÓN
A mis alumnos
«Ratzinger es sin duda uno de los teólogos más conocidos y más discutidos del siglo XX», ha afirmado un autor italiano 1.
Y parte del XXI, podríamos añadir. Tal vez por esto, Henri de Lubac sostenía que el entonces cardenal bávaro «no tiene miedo
de abordar en público ni los temas fundamentales ni los problemas de actualidad, y siempre con calma, sencillez, mesura, gran
respeto a las personas y con una sonrisa»2. Existe un gran número de recensiones –aseguraba un cronista alemán en 1987–,
artículos en obras colectivas, conferencias, homilías e intervenciones en la radio. «Solo por la cantidad de intervenciones se
puede adivinar por qué interesa a un círculo cada vez mayor de teólogos»3. Sin embargo él mismo ha declarado al mismo tiempo
que no ha buscado elaborar un pensamiento original y propio, como han hecho otros autores del siglo XX 4:
«Nunca he buscado tener un sistema propio ni elaborar mis propias teorías. Quizá lo específico de mi trabajo, si queremos
decirlo así, podría consistir en que me gusta pensar con la fe de la Iglesia y eso supone, para empezar, pensar con los grandes
filósofos de la fe.
Significa que no elaboro una teoría aislada, sino lo más amplia posible y siempre abierta a otras formas de pensamiento dentro
de la misma fe». Su teología sería así una con-teología, una teología en diálogo con la Iglesia, la historia y la misma realidad.
Joseph Ratzinger –ha escrito por su parte el teólogo canadiense Réal Tremblay– «se encuentra entre los mejores teólogos de
nuestro tiempo.
Se esté de acuerdo o no con él, su pensamiento ejerce hoy día una fascinación por su amplitud y profundidad, su originalidad y
su relación con la vida. Tiene algo del atractivo de las grandes catedrales góticas».
Carlo Maria Martini, conocido biblista y hombre de Iglesia, afirmaba que «la orientacióndel cardenal Ratzinger ante este cambio
de época proviene, en primer lugar, de su fe y de su rectitud; en segundo lugar, de su pericia teológica y de su extraordinaria
capacidad dialéctica y, en fin, […] de su propia biografía»7. El teólogo inglés Aidan Nichols, por su parte, acaba su libro sobre la
teología de Ratzinger recordando la doble dimensión de tradición y modernidad en la teología de Ratzinger. El salmantino
Olegario González de Cardedal concluía con el siguiente veredicto: «La obra de Ratzinger es un diálogo
con todo lo que ha acontecido en los años que van desde la clausura del concilio hasta nuestros días»9.
Al resumir la historia personal del teólogo bávaro en una laudatio académica, observaba Pedro Rodríguez:
«Una preclara inteligencia y esa vigorosa manera de hacer teología, antes y después del Concilio Vaticano II,
hicieron que Joseph Ratzinger destacara de manera singular en la difícil coyuntura de los años setenta y ochenta [del siglo XX].
Se entiende que Pablo VI lo situara al frente de la Iglesia en Baviera, su patria, y que Juan Pablo II […] encomendara después
a este ilustre pastor y teólogo la gravísima tarea que hoy desempeña en la Iglesia»10. Incluso después de haber sido elegido
sucesor de Pedro, sigue siendo uno de los teólogos más conocidos, leídos y escuchados en la actualidad. En esto parece haber
un acuerdo unánime.
Existe, sin embargo, al mismo tiempo una difundida tesis de que hay un primer y un segundo Ratzinger,
mientras autores más recientes insisten en que «la visión teológica de Ratzinger […] ha mostrado una clara continuidad durante
más de cincuenta años» 12.
Más que entrar en una dialéctica entre progresistas y conservadores, Ratzinger querría
más bien ir a los orígenes, back to fundations, como dice Nichols 13
. Reforma, no ruptura: es esta la tesis que queremos probar en estas líneas.
Esta rápida clasificación deja en un segundo plano otras facetas de su vida, como el
que haya conocido y estado en contacto directo o indirecto con las principales figuras de
la teología del siglo XX, como Karl Barth, Romano Guardini, Michael Schmaus, Yves
Marie Congar, Henri de Lubac, Karl Rahner, Hans Küng, Leo Scheffczyk, Hans Urs von
Balthasar… Ha sido también uno de los protagonistas del Concilio Vaticano II y un
testigo de excepción de su posterior aplicación, sobre todo en la Iglesia centroeuropea.
Su responsabilidad pastoral como arzobispo de Múnich y Frisinga le hizo consciente de
la difícil tarea de aplicar el mensaje del
concilio. Más adelante, como prefecto de la Congregación de la Doctrina de la Fe,
adquirió una visión teológica todavía más amplia, al contar con la perspectiva
privilegiada que proporciona el conocer la situación de la Iglesia y de la investigación
teológica en todo el mundo. Su teología –podríamos decir– se ha «globalizado»
14
. Esta amplitud no debe ir, sin embargo, en detrimento de la profundidad de su pensamiento.
En Ratzinger –afirmaba Kraning– se combina el pensamiento teológico con el antropológico: «el pensamiento
5
sobre el hombre lleva a Ratzinger a reflexionar sobre Dios», y viceversa
15
. «Nunca en la
historia –resumía el historiador Pell– ha publicado un papa tanta teología de tanta
calidad y sobre tantos temas tan diferentes como el papa Benedicto XVI»
16
.
Ratzinger posee –sostiene Tura– «una visión teológica en la que late un corazón y
una carga de esperanza, una reflexión que busca la solución de los problemas no solo en
el plano teórico, sino en la vida de la Iglesia: una reflexión que orienta a una sabiduría,
sinónimo de una vida vivida a la luz de Cristo, a pesar de experimentar los sufrimientos
propios de una fe concreta»
17
. Un antiguo alumno suyo de Ratisbona –en la actualidad,
cardenal de Viena– afirmaba que «es el más joven del amplio abanico de teólogos que
marcaron el Vaticano II, y es ciertamente uno de los grandes por su capacidad espiritual
y teológica»
18
. «No dudo en compararlo –añade en otro lugar– a la gran familia de
teólogos del siglo XIII: a Alberto Magno, a Tomás de Aquino, a Buenaventura»
19
. El
eclesiólogo Ricardo Blázquez, actual arzobispo de Valladolid, destacaba por su parte la
tarea y las virtudes de su teología: «Proponer la fe, clarificarla y defenderla, mostrar su
carácter razonable, ha sido el precioso servicio que sacrificada y generosamente ha
cumplido en la Iglesia. Posee el don de la palabra escrita. Sus formulaciones son
precisas, simplifican lo complejo, hacen accesible lo profundo, edifican espiritualmente,
son brillantes y bellas»
20
.
El rigor se uniría en su teología con la actualidad y la vida presente. «Ratzinger en el
fondo –de nuevo habla el teólogo salmantino– siempre ha sido un profesor para quien la
razón y el rigor, la demostración y el diálogo estaban en primer plano, porque presuponía
un dialogante del mismo nivel y preocupado por los mismos problemas: la fe como
hecho particular fundador, como verdad universal y como vida nueva presente en la
Iglesia. Sin embargo, desde sus mismos comienzos le ha preocupado la conexión entre
dogma y predicación, verdad y vida, ejercitándolas él mismo en sus homilías y ciclos de
mensajes radiofónicos»
21
. No es un intelectual encerrado en su torre de marfil. Uno de
sus doctorandos en Ratisbona afirmaba, por su parte, que «lo que es único de Ratzinger
es su capacidad para hablar a todos los niveles de la sociedad. Difícilmente ningún
teólogo ha logrado hablar al corazón y a la mente de las personas como lo consigue
Ratzinger, hasta el punto de cambiar sus propias vidas»
22
. Su teología recorre todos los
campos del saber teológico; todas las secciones de una biblioteca de teología tienen
algún libro suyo.
Es por otra parte evidente que propone todo un estilo teológico. «El equilibrio y la
6
serenidad –escribe Tura– siempre presente en sus escritos lo hacen agradable por
afrontar y profundizar de modo constructivo el discurso, descubriendo de modo
inteligente los puntos débiles de su interlocutor y respondiendo con lucidez y sin
acritud»
23
. Gerhard Ludwig Müller –catedrático de teología dogmática y actual obispo
de Ratisbona– afirmaba que «Benedicto XVI, a lo largo de su larga actividad académica
como profesor de teología fundamental y dogmática, ha elaborado una obra teológica
que le sitúa entre los mayores expertos de los siglos XX y XXI. Desde hace más de
cincuenta años, al nombre de Joseph Ratzinger se asocia una visión de conjunto original
de la teología sistemática»
24
. Una teología entre dos milenios, que recoge lo mejor del
siglo XX y lo proyecta hacia el principio de la siguiente centuria. Ratzinger –continuaba
el editor de sus obras completas en alemán– siempre ha podido recurrir en su actividad
científica «a su admirable conocimiento de la historia de la teología y de los dogmas, que
transmite de manera brillante, haciendo hincapié en la visión divina del ser humano,
sobre la que se fundamenta todo»
25
.
Con una cierta perspectiva histórica añadía Müller que «es uno de los mayores
teólogos en la sede de Pedro»
26
. El estaunidense Thomas P. Rausch nos ofrece también
un interesante retrato intelectual: «como teólogo, el papa Benedicto XVI es
tremendamente competente. A la hora de discutir los textos bíblicos y su significado, de
los padres de la Iglesia o los escritos de teólogos o filósofos contemporáneos es un
hombre de cultura y con gran capacidad de aprender. […] Uno no puede más que
permanecer fascinado ante la amplitud de sus enseñanzas. […] Tiene algo de polemista.
Ha respondido de modo directo a las críticas, pero no usando el sarcasmo o despreciando
los argumentos contrarios al considerarlos como frívolos. Ha expresado su escasa
afinidad con los textos abstractos de teología, a pesar de que puede ser tan abstracto
como un filósofo. Hay algo de pasión en sus escritos, un deseo de presentar la verdad de
la fe tal como él la ve por medio de su testimonio en el mundo»
27
. Su pensamiento se
fundamentaría en definitiva –según un arzobispo de tierras asturianas– en la fe, en la
razón y en la belleza, como sus tres principales pilares: «una fe que tiene razones y una
razón que se hace creyente; una hondura que se expresa con sencillez porque bebe en la
mejor tradición de la Iglesia, y una belleza que suscita el estupor ante la verdad y la
adhesión al bien»
28
. Sin embargo, como ya se dijo en 1974, «Ratzinger no ha soñado
jamás con presentarse como la única voz teológica en la Iglesia»
29
.
Pienso que estos testimonios sean suficientes para dar razón de estas páginas, en las
que recojo algunos artículos que he ido publicando a lo largo de todos estos años. Mi
empatía con la teología de Ratzinger empezó con el tono existencialista y personalista de
7
la Introducción al cristianismo, tras mis estudios sobre estas corrientes de la filosofía
30
.
Seguí después con un acercamiento biográfico a la figura del teólogo alemán
31
, y más
adelante me ocupé en mi tesis doctoral de la teología fundamental y de las religiones, así
como del concepto de teología en el pensamiento de Joseph Ratzinger
32
. A partir de
entonces he realizado diversas calas –unos estudios histórico-teológicos– en el
pensamiento del teólogo Ratzinger, que he ido publicando en diferentes revistas y que he
actualizado después con la bibliografía posteriormente publicada. Al mismo tiempo,
profundizaba en el pensamiento de Martín Lutero y de otros teólogos protestantes, que
han resultado ser un interesante contrapunto
33
. Jutta Burggraf (†), una profesora
alemana de nuestra universidad, me dijo que un buen modo de aprender teología actual
podría ser ir recorriendo los distintos textos de Ratzinger –dispersos pero unitarios–
respecto a las distintas partes de la teología. Ratzinger es un buen maestro en teología.
Me pareció una buena idea, y sirvan como intento y homenaje las siguientes páginas.
En principio, el interés que me movía era abordar el pensamiento anterior a la
elección de Joseph Ratzinger como obispo de Roma, pero he tenido que referirme
también al magisterio de Benedicto XVI. Como decíamos, el actual pontífice no es un
pensador sistemático en el sentido habitual del término, pero sí profundamente orgánico
en sus desarrollos. Como afirma Hahn, Ratzinger «no es tanto un pensador sistemático,
sino más bien sinfónico», mientras Murphy apela a la inner consistency de sus
escritos
34
. He intentado seguir esta pista y buscar ese hilo conductor en su pensamiento.
Lógicamente, al publicar estos artículos ahora todos juntos he procurado abreviarlos y
evitar repeticiones, a la vez que mostrar la unidad entre los diferentes temas. Pretendo
seguir más o menos el orden genético de estos «conceptos fundamentales» que van
surgiendo en la teología de Joseph Ratzinger. Por una parte, he procurado siempre
mantener un estilo introductorio, en el que primen las fuentes sobre la bibliografía
secundaria, la cual aparece sobre todo reseñada a pie de página. Además, he intentado
que esta fuera siempre una ayuda para el lector que se quisiera enfrentar a la lectura
misma de los textos de este teólogo alemán. Se trata tan solo de ofrecer «un mapa de su
viaje teológico», una «vista aérea» de su pensamiento, como dice Mannion
35
.
Nos encontramos, pues, sobre todo ante una guía, una síntesis, una introducción, una
invitación a la lectura de las fuentes. En esta síntesis, hemos dividido los temas
fundamentales de la teología ratzingeriana en distintos apartados. En primer lugar, tras
un breve recorrido histórico para conocer los maestros de la teología ratzingeriana, nos
hemos referido a lo que hemos llamado las fuentes de su pensamiento: junto a la
Escritura, la liturgia, la Iglesia y el mismo arte –sobre todo la música– constituyen
8
puntos de partida de su pensamiento teológico. Vendrán después los denominados
fundamentos: en primer lugar, el principio de la persona, que presenta su solidaridad
originaria con la fe y la razón, la verdad y el amor. En lo que se refiere a los desarrollos
y como concreción de dichos principios, el teólogo alemán se encontrará profundamente
marcado por la «experiencia del concilio», cuya doctrina aplica al ecumenismo, a la
teología del ministerio e incluso en sus ideas sobre la predicación, la escatología y la
mariología. En fin, abordaremos aquí lo que se refiere a la praxis: en su época de obispo,
Ratzinger se ha centrado en la teología de la creación y el misterio eucarístico y, como
prefecto, su foco de interés se ampliará hacia la catequesis, Cristo y las religiones, sin
olvidar una breve reflexión sobre las raíces cristianas de Europa.
No quería, en fin, olvidarme de los indispensables agradecimientos. En primer lugar,
a mis padres y hermanos, así como a los sufridos alumnos que me han oído hablar sobre
estos temas. Después, a los profesores Horst Bürkle y Gunther Wenz de la Ludwig_Maximilians-
Universität de Múnich; a monseñor Gerhard Ludwig Müller, a Franz
Xavier Heibl y Marianne Schlosser de la Joseph Ratzinger – Benedikt XVI. Stiftung de
Ratisbona, así como al Prof. Vincent Pfnür de la Westfälicher Wilhems-Universität de
Múnster, por la ayuda y colaboración que siempre me han prestado; a la universidad de
Navarra –de donde el autor estudiado es doctor honoris causa– y, en especial, a los
profesores de la facultad de teología José Morales, Pedro Rodríguez, César Izquierdo y
José Ramón Villar; Fernando Rodríguez Garrapucho y Gaspar Hernández, de la
Pontificia Universidad de Salamanca, así como a Gerardo del Pozo, Javier Prades,
Gabriel Richi, Manuel Aroztegui y Juan Santamaría, de la facultad de teología de «San
Dámaso», en Madrid. No quiero olvidarme de las interesantes conversaciones
mantenidas con el profesor George Hunsinger, del Princeton Theological Seminary.
Como además la lista de agradecimientos sería interminable por las distintas consultas
que he ido realizando, he añadido en la sección «Nota bibliográfica» a aquellos
especialistas que me han orientado en la redacción de los diferentes artículos. En fin, este
libro ha sido posible gracias a Juan Manuel Burgos, director de la colección Pelícano, de
Ediciones Palabra, y a sus puntuales sugerencias. Espero que estas páginas supongan un
acercamiento a este testigo de excepción de una teología que se encuentra entre dos
milenios.
Múnich, Múnster y Pamplona,
verano de 2004 – invierno de 2011
Ratzinger. Un’antologia, Lindau, Torino 2009, 26.
2 H. de Lubac, Diálogo sobre el Vaticano II, BAC, Madrid 1985, 123.
3 J. Finkenzeller, «Die wissenschaftliche Werk von Joseph Cardinal Ratzinger»,
Klerusblatt 67 (1987) 138. Vid. también R. Tura, «La teologia di J. Ratzinger. Saggio
introduttivo», Studia Patavina (1974) 148-149; V. Pfnür, «Mitte des Glaubens und
Konturen des konstitutiv Christlichen», AA. VV., Vom Wiederauffinden der Mitte.
Grundorientierungen. Texte aus vier Jahrzehnten, Herder, Freiburg – Basel – Wien 1997,
17.
4 Cfr. R. Tura, «La teologia di J. Ratzinger. Saggio introduttivo», 149.
5 La sal de la tierra. Cristianismo e Iglesia católica ante el nuevo milenio, Palabra,
Madrid 1997, 72.
6 R. Tremblay, «L’Exode, une idee maîtresse de la pensee theologique du cardinal
Joseph Ratzinger?», Studia Moralia 28 (1990) 523, cfr. A. Fermet – R. Marlé, Théologies
d’aujourd’hui, Le Centurion, Paris 1973, 93-136; G. B. Mondin, Dizionario dei teologi,
ESD, Bologna 1992, 490-497.
7 C. M. Martini, «Un servitore della fede e della tradizione», J. Clemens – A. Tarzia
(eds.), Alla ricerca della verità, San Paolo, Cinisello Balsamo 1997, 187.
8 Cfr. A. Nichols, The theology of Joseph Ratzinger: an introductory study, T. & T.
Clark, Edimburgh 1988, 296; H. Wansbrough, «La teología de Joseph Ratzinger»,
Revista de libros 130 (2007) 3-6.
9 O. González de Cardedal, «Introducción», El espíritu de la liturgia, Cristiandad,
Madrid 2001, 22.
10 P. Rodríguez, «La fe de un teólogo», L. F. Mateo-Seco – J. M. Calvo (eds.), El
cardenal Ratzinger en la Universidad de Navarra. Discursos, coloquios y encuentros, pro
manuscripto, Pamplona 1998, 22.
11 R. Tura, «Joseph Ratzinger», P.
[1] Mem. 94
“Cada nue