Peter Seewald BENEDICTO XVI Una vida BIOGRAFÍA

Prólogo                                                                                                                     9

 

PRIMERA PARTE

EL NIÑO Y ADOLESCENTE

 

  1. Sábado de Gloria 15
  2. El impedimento 22
  3. El país de los sueños 29
  4. 1933, «Año Santo» 40
  5. Los «Cristianos Alemanes» 48
  6. Mit brennender Sorge [Con viva preocupación] 58
  7. La calma que precede a la tempestad 73
  8. El seminario 84
  9. La guerra 101
  10. Resistencia 113
  11. El final 126

SEGUNDA PARTE

EL ALUMNO MODÉLICO

 

  1. La «hora cero» 143
  2. El Monte de los Sabios 155
  3. Culpa y expiación 167
  4. Cambio radical de pensamiento 176
  5. El juego de los abalorios 192
  6. San Agustin 205
  7. Sturm und Drang [Tormenta e ímpetu] 220
  8. Una lectura clave                                                                                    241
  9. Las órdenes mayores 258

21.. El coadjutor                                                                                                        268

  1. El examen 282
  2. Al borde del abismo 297
  3. Los nuevos paganos y la Iglesia                                    313

TERCERA PARTE

EL CONCILIO

 

  1. Nace una estrella 329
  2. La red 342
  3. El Concilio 354
  4. La lucha comienza 365
  5. La conferencia de Génova 378
  6. La eminencia gris 392
  7. El mundo, en situación crítica 404
  8. Siete días que cambiaron a la Iglesia católica para siempre 415
  9. La onda alemana 430
  10. Fuentes de energía 446
  11. En la escuela del Espíritu Santo 459
  12. El legado 471

CUARTA PARTE

EL MAESTRO

 

  1. Tubinga 489
  2. Profundamente asustado 499
  3. 1968 y la leyenda del giro 510
  4. La crisis católica 522
  5. Un nuevo comienzo 535
  6. Tensiones 545
  7. La visión de la Iglesia del futuro 555
  8. Reconquista 567
  9. La doctrina de la vida eterna 579
  10. El ministerio episcopal 592
  11. El año de los tres papas 605
  12. El caso Küng 616
  13. El legado de Múnich 627

QUINTA PARTE

ROMA

 

  1. El prefecto 643
  2. 51. El Informe de Ratzinger 655
  3. La lucha en torno a la teología de la liberación             669
  4. Trabajo en equipo 681
  5. El derrumbe 693
  6. El largo sufrimiento de Karol Wojtyla 710
  7. El milenio 724
  8. La agonía 740
  9. El cónclave 758
  10. Habemus papam 774

SEXTA PARTE

EL SUMO PONTÍFICE

 

  1. El primer papa del tercer milenio 791
  2. En las sandalias del Pescador 805
  3. La «Benedictomanía» 821
  4. El discurso de Ratisbona 835
  5. Deus caritas est 853
  6. Sal de la tierra, luz del mundo 865
  7. La fractura 884
  8. La «crisis del condón» 912
  9. El escándalo de los abusos contra menores 929
  10. El pastor 929
  11. La ecología humana 962
  12. Desmundanización 975
  13. La traición 991
  14. La renuncia 1009
  15. El inicio de una nueva era 1027

Epílogo: Papa emeritus                                                                                             1059

Últimas preguntas a Benedicto XVI                                                                  1073

 

Notas                                                                                                                       1081

Créditos de las fotografías                                                                                   1129

Índice de nombres                                                                                                 1131

 

 

 

«Mi impulso esencial ha sido sacar a la luz
el auténtico núcleo de la fe,
oculto bajo las incrustaciones,
a fin de devolverle su fuerza y dinamismo.
Tal impulso es la constante de mi vida»

JOSEPH RATZINGER

Prólogo:

Mi primer encuentro con Joseph Ratzinger tuvo lugar en un día húmedo y frío de noviembre de 1992. Tenía que escribir un retrato de él para el suplemento de fin de semana del Süddeutsche Zeitung, y me sorprendió la gran apertura con la que el «gran inqui­sidor» acogió a su visitante.

En el curso de los años he planteado al cardenal, al papa en ejerci­cio, al papa emérito probablemente en torno a las dos mil preguntas, quizá incluso más. En la última de todas dudó. Responderla, me dijo, «equivaldría, se quiera o no, a inmiscuirme en el gobierno del papa actual. Todo lo que vaya en esa dirección quiero y debo evitarlo».

El emérito Benedicto XVI nunca se ha convertido en un papa en la sombra, ni en un papa alternativo, ni en un antipapa. Antes al con­trario, siempre ha tenido exquisito cuidado de no entorpecer en nin­gún momento la acción de su sucesor. Por lo demás, nunca ha hecho voto de silencio. Las últimas palabras que pronunció -ya en Castel Gandolfo- como papa en ejercicio subrayaron que, «a partir de las ocho de la tarde ya no seré papa, ya no seré el pastor supremo de la Iglesia católica. […] Pero me gustaría seguir trabajando con el co­razón, con mi amor, con mi oración, con mis pensamientos, con toda mi fuerza interior, por el bien común, por el bien de la Iglesia y la humanidad».

¡Qué trayectoria! ¡Un muchacho de un pueblo bávaro al pie de los Alpes se convierte en responsable supremo de la institución más antigua, grande y misteriosa del mundo, de la Iglesia católica y sus 1300 millones de miembros! Con él volvió a sentarse en la sede pe­trina después de quinientos años un alemán, un teólogo cuya obra eclesial y teológica era ya grande y significativa. Joseph Ratzinger ha escrito páginas históricas. Como «novel» en el Concilio Vaticano II, como renovador de la teología, como el prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe que, al lado de Karol Wojtyla, mantuvo el rumbo de la nave de la Iglesia en medio de las tempestades de la época. Y también como el primer papa en ejercicio que renunció, por razones de edad, a su ministerio. Nunca antes había habido un papa emeritus. Nunca antes un único individuo había transformado tanto el papado de un día para otro.

El mundo está profundamente dividido cuando se trata de entender y encuadrar a Benedicto XVI. Se le considera uno de los pensadores más agudos de nuestra época, pero al mismo tiempo es una figura controvertida. Un inconformista que saca a sus adversarios de sus casillas. En cuanto se habla de Ratzinger, observa el filósofo francés Bernard-Henri Lévy, «los prejuicios, la insinceridad, incluso la palmaria desinformación dominan cualquier debate». La austriaca Friederike Glavanovics, experta en medios de comunicación, anali­zó en un estudio científico la llamativa tendencia, verdaderamente compulsiva, de algunos periodistas a situar las noticias negativas concernientes a Joseph Ratzinger en un contexto aún más negati­vo. Según esta investigadora, se ha construido una imagen «que no obedece a la realidad, sino solo a la viabilidad», a una idea ficticia al servicio de una finalidad determinada.

¿Quién es este hombre en realidad? ¿Cuál es su mensaje? ¿Hubo de hecho un «trauma de 1968» que lo convirtió de teólogo progre­sista en un reaccionario con el freno siempre echado? ¿ Fue de verdad el «cardenal de hierro» que presentaban los medios de comunica­ción? ¿Encubrió a culpables de abusos sexuales contra menores y otras personas vulnerables, calló al respecto? ¿Fue su pontificado un fracaso de principio a fin, como no se cansan de afirmar sus adversa­rios? Benedicto XVI: Una vida indaga en el origen y la personalidad del papa alemán, así como en las vicisitudes dramáticas de su vida, y llega -mediante, entre otras cosas, la reconstrucción de fracturas como los casos Williamson y Vatileaks- a conclusiones sorprenden­tes. Pido disculpas por errores que ni siquiera la más concienzuda re­visión puede evitar. Espero comprensión por la extensión de la obra, que no estaba planeado que fuera tanta y que se debe a la abundancia de material y la relevancia del protagonista. Dado el caso, conviene saltarse páginas sin temor. Era importante mantener la distancia crí­tica y, no obstante, considerar los hechos con la imparcialidad indis­pensable para una comprensión auténtica.

Ningún libro puede escribirse sin ayuda, plenos aún una bio­grafía que abarca un siglo entero, desde el final de la República de Weimar hasta la era digital. Quiero dar las gracias a los cer­ca de cien testigos de los acontecimientos que se han prestado a ser entrevistados. Y a todos los compañeros y amigos que han acompañado este trabajo con sus consejos, su ayuda y, en modo alguno menos importante, sus oraciones. Especial reconocimiento merecen el hermano del papa, Georg Ratzinger por los detalles que me facilitó sobre la historia familiar, y el teólogo Dr. Manuel Schlögel, quien se ha encargado de entrevistar a algunas de las personas que han acompañado la trayectoria vital del papa y de revisar el manuscrito. Tanja Pilger ha extractado con maestría montañas de libros y materiales varios. Agradezco a Martina Wendl y a mi hijo Jakob la transcripción de las grabaciones. Mi lector, Johannes «Ojo de águila» Lankes, ha sido un concienzudo corrector y, además de sus conocimientos sobre el catolicismo, ha aportado apoyo mental. Jürgen Bolz, el lector de la editorial, lleva años ocupándose de la edición de mis libros y también en esta obra ha dirigido con calma el proceso. El antiguo director de la editorial Droemer, Hans-Peter Übleis, impulsó el libro; Margit Ketterle ha seguido creyendo en él, a pesar de varias interrupciones; Kerstin Schuster se ha ocupado de que pueda aparecer también en diversos idiomas. A mi mujer y a mi familia les estoy agradecido por el tranquilizador apoyo, que se hizo patente sobre todo en aquellos momentos en los que quien escribe estas líneas sencillamente se desesperaba por la abundancia de material y por la propia insuficiencia.

            Tengo una deuda de gratitud con el arzobispo Georg Gänswein por haber respaldado el proyecto desde el principio y haberme ex­plicado algunas circunstancias con impresionante franqueza. Pero el mayor agradecimiento se lo debo, como no podía ser de otro modo, al papa Benedicto. A lo largo de los años ha respondido con angelical paciencia todas mis preguntas, por muy fuera de lugar que estuvieran. Probablemente haya sido el único pontífice en ejer­cicio que hasta dejaba mensajes telefónicos en el contestador, como hacía con mis hijos. Me acuerdo especialmente del verano de 2012. Visité al pontífice en Castel Gandolfo. El papa se encontraba en un estado terrible. No solo me pareció exhausto, sino también abatido de un modo extraño. Solo a posteriori caí en la cuenta de que jus­to en esas semanas se debatía con la decisión que cambiaría para siempre el papado.

            Como papa de un cambio de época, Benedicto XVI es tanto el final de lo antiguo como el comienzo de algo nuevo, un constructor de puentes entre mundos. Ha mostrado que la religión y la razón no se contraponen. Que precisamente la razón es la garantía que protege a la religión del peligro de deslizarse hacia enajenadas fan­tasías y hacia el fanatismo. Impresiona por su nobleza de carácter, su elevado espíritu, la honestidad de sus análisis y la profundidad y be­lleza de sus palabras. Todo el mundo sabía que lo que anunciaba, por incómodo que resultara, se correspondía fielmente con la doctrina del Evangelio y estaba en continuidad con los padres de la Iglesia y las reformas del Concilio Vaticano II; y ello, vinculado con el consejo de cultivar una mirada en profundidad a la esencia de las cosas, a lo fundamental de la vida y de la fe, en lugar de distraerse con superficialidades.

Uno no tiene por qué compartir todas sus posiciones, pero de lo que no cabe duda es de que de Joseph Ratzinger puede hablarse no solo como de un destacado intelectual -uno de los mayores teólogos que se hayan sentado en la sede petrina-, sino también como de un maestro espiritual que convence por su franqueza y autenticidad. La señalización que nos hizo del camino a seguir no ha perdido ni un ápice de actualidad; antes al contrario. «Un gran papa», así lo encomió su sucesor: «Grande por la fuerza y lucidez de su inteligen­cia, grande por su importante contribución a la teología, grande por su gran amor a la Iglesia y a los hombres». Y, no menos importante, «grande por su virtud y su religiosidad».

 PETER SEEWALD

 

Múnich, 11 de febrero de 2020