LA UNIDAD EN EL PENSAMIENTO LITÚRGICO DE JOSEPH RATZINGER

Ricardo Reyes Castillo

 

 

ÍNDICE GENERAL

 

PRÓLOGO, por el cardenal Antonio Cañizares    xi

PREMISA      XV

INTRODUCCIÓN    XIX

  1. Argumento, metodología y límites xix
  2. a) Argumento xix
  3. b) Método y límites XIX
  4. Contribución a la ciencia litúrgica • xxiii

SIGLAS Y ABREVIATURAS         XXV

 

PRIMERA PARTE

EL TEÓLOGO JOSEPH RATZINGER

 

CAPíTULO 1. Contexto histórico de la reflexión teológica del autor           5

  1. Hacia el corazón de la renovación 5
  2. La renovación eclesiológica y eclesial de Alemania 9

La escuela católica de Tubinga y el aparato eclesiológico de Móhler (1796-1838)  10

  1. b) La influencia de los teólogos Karl Adam y Romano Guardini 14
  2. La renovación litúrgica y su repercusión en Alemania 20
  • El monasterio de Solesmes con el abad P. Guéranger …. 21
  1. b) La fase académica: los monjes de la Abadía de Beuron y Maria Laach 22

El rol de los movimientos pastorales y juveniles en Ale­mania y Austria    26

  1. d) Cuarto periodo o fase pedagógica 31

 

CAPÍTULO II. La formación y los primeros pasos del teólogo                          39

 

  1. Los estudios teológicos 40
  2. a) La influencia de san Agustín en el pensamiento de Joseph Ratzinger 46
  3. b) La teología de la historia de san Buenaventura 52
  4. Autores contemporáneos en la reflexión de Joseph Ratzinger: Romano Guardini y Henri de Lubac 58
  5. El pensamiento de joseph Ratzinger en el periodo de la docencia 62
  6. a) El Dios de la fe y el Dios de los filósofos 63
  7. b) Introducción al cristianismo 66

 

CAPÍTULO III.

Joseph Ratzinger y el Concilio Vaticano II. Una reflexión del evento conciliar      71

  1. La primera sesión 74
  2. a) El esquema sobre la liturgia 77
  3. b) Esquema sobre las fuentes de la Revelación 81
  4. La segunda sesión 84
  5. a) El esquema sobre la Iglesia 87
  6. b) El esquema sobre los obispos y sobre el gobierno dioce­sano 92

El esquema sobre el ecumenismo     94

  1. La tercera sesión 96

La aprobación de la Constitución dogmática sobre la Iglesia Lumen gentium   97

  1. b) La Iglesia, comunidad litúrgica 100
  2. La cuarta sesión 102
  • El esquema XIII 104
  1. b) El esquema sobre la actividad misionera 108
  2. Después de la clausura del Concilio „109

SEGUNDA PARTE

LA LITURGIA EN SU CONTEXTO: LA TEOLOGLA

CAPÍTULO IV Liturgia y cristología      127

  1. La centralidad de Cristo en la liturgia 127
  2. a) La unidad de las naturalezas en la persona de Cristo …. 128
  3. b) La unidad del tiempo en la persona de Cristo 132
  4. c) La Eucaristía, presencia de la unidad 134

 

  1. f:»l encuentro con Cristo Resucitado: el culto espiritual (Epís­tola a los Romanos 12,1) 136
  • Cristo resucitado: Nuevo Tiempo 140
  1. b) Cristo resucitado: Verdadero Templo 148
  2. La oración de jesús 155
  • Jesús, maestro de oración •          158
  1. b) La nueva oración de Jesús: La Eucaristía 167
  2. Unidad y novedad 180

 

CAPíTULO V. Eclesiología eucarística    •          183

  1. Unidad Iglesia – Eucaristía en los escritos de los Padres 185
  • Tertuliano 186
  1. b) Cipriano 188
  2. c) Agustín 190
  3. Orígenes de la nueva comunidad y el nuevo culto 195
  • En la obra de Jesucristo •          •          196
  1. b) En la primera comunidad cristiana 198
  2. Eucaristía, Corazón de la Unidad 201
  • Unidad de la Iglesia 201
  1. b) Unidad del episcopado •• 206

Unidad en la misión   209

  1. Unidad entre presente y futuro en la Eucaristía 213

 

TERCERA PARTE

LA LITURGIA EN SU EXPRESIÓN

CAPfTULO VI. Bases para una correcta celebración    225

  1. Dimensiones ontológicas • 228

Dimensión histórica   229

  1. b) Dimensión cósmica .... 231
  • Dimensión del misterio             233
  1. La naturaleza de la celebración litúrgica 235
  • Libertad 237
  1. b) Creatividad 239
  • Fiesta 243
  1. d) Comunidad 244

CAPfTULO VII. La unidad en la celebración litúrgica   247

  1. Rito 248

 

  1. a) Rito en la continuidad 249
  2. b) Rito en la discontinuidad 252
  3. Actitudes y gestos 259
  4. a) El arrodillarse 262
  5. b) El silencio 263
  6. Contemplar al Señor 267

CAPÍTULO VIII. Unidad entre liturgia y arte 275

  1. Liturgia e imágenes 280
  2. a) Fundamento de las imágenes sacras en la reciprocidad Antiguo-Nuevo 282
  3. b) Unidad entre imágenes sacras y liturgia 285
  4. Liturgia y música sacra 289
  5. a) Dimensión ontológica de la música sacra 293
  6. b) Unidad entre música litúrgica y Palabra 296
  7. c) El espíritu en la música sacra 300
  8. d) Plegaria Eucarística, ñtente y culmen de la vida cristiana .. 303

CONCLUSIÓN         307

INDICE BÍBLICO    319

INDICE ONOMÁSTICO     323

 

PRÓLOGO

La Liturgia está en el centro de la vida de la Iglesia: es su ¡»tiente y su culmen. Lo más urgente en el momento actual, sin duda, es promover un nuevo impulso litúrgico que haga revi­vir, en la mente de todos, la auténtica herencia del Concilio Vaticano II y de aquel gran dinamismo litúrgico del siglo XIX y de la primera mitad del siglo xx, que nutrió y fecundó a la Iglesia, del cual tenemos necesidad, ciertamente una gran ne­cesidad. Así piensa un hombre providencial de nuestros días, el papa Benedicto XVI, empeñado como pocos en hacer po­sible una humanidad nueva, compuesta por hombres nuevos, una nueva cultura y un mundo nuevo, digno del hombre; y, además, testigo de la «gran» esperanza, que está haciendo de la liturgia uno de los caracteres distintivos de su pontificado.

Antes de llegar a ser Papa, él promovió un proceso edu­cativo que condujo a la Iglesia a la logiké latreía, la rationabi­lis oblatio (cf. Rom 12,1). «Es urgente un retorno al espíritu de la renovación litúrgica: no tenemos necesidad de nuevas formas que nos desvíen cada vez más hacia el exterior, sino de formación y reflexión; de aquella profunda meditación sin la cual cualquier celebración degeneraría en exterioridad» (J. Ratzinger). La labor del Papa actual continúa aquel mismo proceso educativo en el cual es necesario volver al «espíritu» de la liturgia para superar el pensamiento que pretende exteriori­zarla (que parece predominar en algunos ámbitos), el cual ya denunció Pío XII, en la Mediator Dei, cuando señaló que «no tienen una exacta noción de la sagrada liturgia los que la con­sideran tan solo como una parte externa y sensible del culto divino o un ceremonial decorativo; y no se equivocan menos los que la consideran un mero conjunto de leyes y preceptos con los cuales la jerarquía eclesiástica regula el cumplimiento de los ritos».

Ya han sido realizados, más allá de lo dictado en el Vati­cano II (que es el flujo de la Tradición viviente), pasos impor­tantes en ese sentido en los últimos años y gracias a los últimos Papas: por ejemplo, por el papa Juan Pablo II con la Encíclica Ecclesia de Eucharistia y la Instrucción Mane nobiscum Domine,

en el año de la Eucaristía; y por Benedicto XVI, con el Sínodo sobre la Eucaristía, la sucesiva Exhortación apostólica Sacramen­tum caritatis, y con muchas otras señales e intervenciones, diri­gidas a hacernos comprender que esta renovación y este impulso litúrgico se colocan en el corazón de su Pontificado.

Es indudable que la profundización y renovación de la Li­turgia fueron necesarias; sin embargo, en muchos casos, ha sido una operación no perfectamente llevada a término. Pare­ciera que buena parte de la Constitución Sacrosanctum Con­cilium no ha entrado aún en el corazón del pueblo cristiano.

Hubo un cambio en las formas, pero esto no siempre implicó una profunda y auténtica renovación, como desearon los Pa­dres Conciliares, movidos por el Espíritu de la Verdad que anima a la Iglesia. A veces, se hicieron cambios simplemente por el deseo de cambiar, con respecto a un pasado percibido como totalmente negativo y superado, concibiendo la reforma como una ruptura y no como un desarrollo orgánico de la Tradición. El mismo Vaticano II ha sido leído con una clave de interpretación diferente a la genuina hermenéutica, que no puede ser otra cosa más que la hermenéutica de continuidad, como la ha calificado Benedicto XVI.

Ya antes de ser el Papa, Joseph Ratzinger, como teólogo, obispo y prefecto de la Congregación para la Doctrina de la Fe, promovió una renovación profunda de la Liturgia en la Iglesia, así como indicaba el Vaticano II, asistido por el Espíri­tu Santo. Por eso, es necesario recurrir a su enseñanza prime­ro como Papa, y también como profesor, pastor, arzobispo y prcFccto, donde trató muchas veces y por muchas diferentes r;riones la Liturgia: el punto de vista teológico es lo que so­brcsale en su enseñanza. Él enraíza aquí su máximo interés, porque sin un fundamento teológico, sin la base de una buena ecología litúrgica, cristológica y eclesiológica, no se podrá lle­var adelante la tan necesaria revitalización de la liturgia en la vida del Pueblo de Dios. Él va al fondo de la cuestión litúrgica y pone por escrito lo que considera la esencia de la liturgia, lo que no se puede perder, a lo que no se puede renunciar; él se preocupa muchísimo por exponer cada vez más cuál es la esencia de la liturgia, como lugar y evento absolutamente central en la Iglesia, irrenunciable para el hombre. Él, además, es muy consciente de que en el ámbito litúrgico es donde se puede observar y conservar con mayor nitidez la continuidad de la gran Tradición o su ruptura. Eso, además, es fundamen­tal para nuestros días, donde la transmisión de la fe es lo más urgente para la Iglesia, para que el mundo se salve y tenga un futuro. Su reflexión, por otro lado, hace también presente el desarrollo concreto de la liturgia y de cómo se actúa en mu­chas ocasiones desfigurando la verdad. Sin embargo, en todo caso, como él mismo reconoce y confiesa en su autobiogra­fía: «así como había comprendido el Nuevo Testamento como alma de toda la teología, de manera parecida comprendí la liturgia como fundamento de la vida, sin la cual la teología acabaría por marchitarse; por eso consideré, al inicio del Con­cilio, el lineamiento preparatorio de la Constitución sobre la liturgia como punto de partida para aquella sesión eclesial. No estaba en condición de prever que los aspectos negativos del movimiento litúrgico regresarían con mayor fuerza, con el serio riesgo de llevar la liturgia directamente a la autodes­trucción» (J. Ratzinger). Tanto lleva el Papa la liturgia en sus entrañas, que él mismo en su autobiografía afirma cómo esta, ya desde su infancia, se desarrolló en su experiencia humana

con mayor riqueza y profundidad, hasta hoy: «La inagota­ble realidad de la liturgia católica me acompañó en todas las fases de mi vida; por eso, no puedo dejar de hablar de ella

continuamente» (J. Ratzinger).

Benedicto XVI es un hombre providencial; por eso es in­dispensable impregnarse de su pensamiento y de sus líneas guías en el campo de la Liturgia; y de su teología litúrgica para un nuevo impulso en el dinamismo litúrgico. Conocer y hacer conocer, estudiar y aplicar sus enseñanzas, su pensamiento,

sus orientaciones es, a mi parecer, una de las tareas y de las posibilidades que la Providencia de Dios nos ofrece y abre en este momento de gran necesidad, sobre todo de Dios, para que el hombre no perezca. Y faltan estudios y difusiones de su pensamiento litúrgico teológico.

Esto es lo que hace, precisamente, con este espléndido es­tudio, el autor de este libro: el joven sacerdote Ricardo Reyes Castillo. Nos congratulamos con él de todo corazón y le agra­decemos por este trabajo que nos introduce con sabiduría y precisión en la unidad del pensamiento litúrgico del papa Be­nedicto XVI, adentrándose en su pensamiento teológico que no podemos separar de su visión de la Sagrada Liturgia. Invito a su lectura que tanto nos ayudará, no solo a conocer mejor la obra teológica de Benedicto XVI, sino sobre todo a seguir sus enseñanzas y a introducirnos más y mejor en el «Espíritu de la Liturgia», y así vivir con mayor profundidad y plenitud los «Sagrados Misterios», alma y vida de la Iglesia.

Antonio CAÑIZARES LLOVERA

Cardenal Prefecto de la Congregación para el Culto Divino y la Disciplina de los Sacramentos

 

 

PREMISA

¿Qué lectura del pensamiento de Ratzinger es correcta? ¿Cuál es, realmente, la intención que empujaba al teólogo Ratzinger a ocuparse de la liturgia? Responder a estas pregun­tas es fundamental para captar la naturaleza y el sentido de sus intervenciones.

Su pensamiento litúrgico está profundamente ligado a la lógica de su reflexión teológica que, como trasluce desde sus escritos, está ante todo motivada y guiada por el gran deseo de la salvación de las almas: No dejar al hombre guiarse por sí mismo. A Ratzinger lo mueve una continua tensión hacia la persona, ya se encuentre dentro o fuera de la Iglesia. Su deseo es llevar al hombre a ser uno, en sí mismo y con los otros.

La intención principal de sus reflexiones sobre la liturgia no es la de proponer soluciones y mucho menos la de volver a lo antiguo con obras de restauración anti conciliares, sino de anclar la liturgia a su fin esencial: llevar al hombre a un encuentro con Dios. Su punto de partida es la conciencia de que hoy en día el mundo está angustiado por un profundo extravío nihilista y necesita, tal vez más que en cualquier otra época, de testigos auténticos, y que la Iglesia tiene que encon­trar un lenguaje que pueda responder a las preguntas, especial­mente a las que no son expresadas y que posee el hombre de la posmodernidad, el cual sufre porque es esclavo de la tiranía de la técnica y del sinsentido de la vida.

Un evidente punto de partida para comprender esto es una observación, que pienso, es compartida por todos: Joseph Ratzinger es uno de los más atentos observadores de los signos de los tiempos. Hace más de cuarenta años, en su libro Fe y Futuro, se interrogaba sobre el estado de la fe y su fu­

turo, haciendo evaluaciones que iluminan la situación que hoy vivimos. Él escribía sobre «la posibilidad del hombre» de aquel tiempo -insertado en una época crítica y donde todos sentían, gracias al progreso y a la técnica, el perfume de un futuro mejor-, de «crecer positivamente y negativamente en modo impredecible». Además, afirmaba: «las reflexiones aquí expuestas no pretenden concluir o cerrar algo, sino más bien tratan de abrir cauces y mostrar que la fe tiene algo que aportar a este futuro si permanece fiel a sí misma»’. Pienso que en estas palabras se encuentra la clave para comprender la verdadera intención de su pensamiento litúrgico.

Según mi opinión, la incomprensión de su pensamiento puede encontrarse, por lo menos en parte aunque no solo, en la tendencia actual de muchos a acomodarse al pensamiento positivo, o a una visión estrictamente histórica, hasta el punto de limitar cada reflexión a un ámbito puramente científico: a una fórmula. Además, creo, que se ha querido leer en Ratzin­ger la voluntad de introducir cambios en la praxis litúrgica, cuando, en realidad él siempre habla solo de la necesidad de una visión más profunda de la liturgia, que pueda incluir el aspecto teológico, espiritual y pastoral en sí misma y que ex­prese el primado de Cristo, verdadero y único sujeto de la acción litúrgica. Diferentes interpretaciones tienen el riesgo de no captar la cuestión de fondo: una reflexión amplia sobre la realidad de la liturgia permite una vida litúrgica que hace posible experimentar lo esencial.

La tensión de Ratzinger es hacia el otro, hacia el hombre que necesita una respuesta que sea novedad, pero que al mis­mo tiempo no cambie lo esencial, y no pierda de vista que la obra es de Dios; que Él es el Creador, el verdadero protago­nista, y que la liturgia no es más que dejarse impresionar al entrever Su obra en nosotros.

 

  1. RATZtNGER, Fe y futuro (Desclée de Brouwer, Bilbao 2007) 1 is.

 

Es el encuentro con el amado lo que nos da nuestra verdadera identidad.

Esta tensión creo que es sintetizable en una afirmación de Ratzinger que nos permite captar la orientación de su pensa­miento litúrgico: «En lo que hay de desigual entre entonces y hoy se fundamenta la incertidumbre de nuestros enunciados y la novedad de nuestras tareas; en lo que es igual se fundamenta la posibilidad de una orientación y una corrección»2. Actuar sin tener en cuenta esto significa intentar renovaciones que llevan necesariamente a una Iglesia que no tiene nada que ver con la salvación de los hombres. El hombre contemporáneo, hijo de la técnica, tiene necesidad de ver el actuar de Dios en su propia vida. Este hombre emancipado, en una época que se está desmoronando, con el imperativo de disfrutar solo el momento, experimenta que lo que le queda en el corazón es solo la amargura de una profunda insatisfacción. Este hombre, paradójicamente, tiene necesidad más que nunca de experi­mentar lo indecible y de contemplar lo invisible.

Por esto, la liturgia tiene que permanecer fiel a sí misma: anclada a Cristo y a la Iglesia. De lo contrario, no se compren­de lo que es para Ratzinger la esencia de la liturgia, ni mucho menos cómo toda la creación y la historia del hombre están en previsión de aquel maravilloso encuentro entre el Creador y la criatura, donde el hombre es devuelto a su ser hombre, mediante el misterio pascual.

Es urgente volver a lo esencial, a las bases, al kerygma, al anuncio de la Buena Noticia, al relato de la historia de la sal­vación, que es nuestra historia; recuperar la trascendencia y el aspecto metafísico para dar una respuesta eficaz al miedo al su­frimiento y a la muerte, que es sobre todo, muerte ontológica y falta de fundamento para la existencia.

2 Ibíd., 93.

 

 

La iglesia es el misterio de Cristo que siempre, y siempre en un modo nuevo, suscita sorpresa y maravilla. Su contra­rio es una Iglesia que satisface las exigencias de los tiempos modernos, o mejor todavía, posmodernos, fundada sobre el activismo y sobre la cultura de lo útil: el activista es aquel que se apoya sobre su saber hacer sin darse cuenta que se le escapa lo esencial, dejarse sorprender.

En una época de expertos, la Iglesia no puede presentar­se como la enésima institución con un específico y limitado campo de acción; ella tiene que contemplar la unidad, a su Creador, custodiando ante todo la caridad. El hombre necesita encontrar cristianos, Cristóforos, que llevan a Cristo dentro de sí, eucaristías vivientes, hombres que dejan que Cristo obre en ellos. Una Iglesia diferente de esto no es una respuesta para nadie.

Hoy, como ha sido en los últimos veinte siglos, el cristia­nismo se puede sintetizar en una sencilla pregunta: ¿Es válido el Sermón de la Montaña para el hombre contemporáneo? Te­nemos que responder a esto.

Entonces, este libro se propone reflexionar juntos, a la luz de cuanto hemos dicho, y ayudados por los escritos de Joseph Ratzinger, sobre cuán urgente es la necesidad de volver a lo esencial del cristianismo, poniendo en primer lugar la caridad. La verdadera renovación litúrgica acontece solo a la luz del amor y la unidad. Sin unidad no hay renovación y Ratzin­ger no hace más que enseñar la liturgia en su contexto, en el cuerpo al cual pertenece. Él muestra cómo ella es expresión de unidad, tiene una unidad interna y como tal, busca la unidad del hombre y de la comunidad entera. La verdadera liturgia no puede prescindir de su verdadero fin: adorar a Dios que es Uno.

 

 

 

 

INTRODUCCIÓN 1. Argumento, metodología y límites a) Argumento

Mi propósito es introducirles, usando un lenguaje sen­cillo, en la comprensión de la teología litúrgica de Jose­ph Ratzinger, haciendo emerger la peculiaridad del culto cristiano, la centralidad de la Eucaristía y los fundamentos teológicos de la acción litúrgica presentes en lo que yo con­sidero sea su visión.

El presente libro quiere ser una ayuda para vivir la liturgia, para comprenderla y para dejarse iluminar por el Espíritu San­to, como un movimiento desde lo más profundo. El estudio del pensamiento de Ratzinger se vuelve entonces una ocasión para abrir al lector una ventana que muestra su necesidad e invita a ir más allá, a perseverar en la búsqueda de aquella verdad que da el ser al hombre, proyectando la mirada de cada cristiano hacia Aquel que viene.

 

 

  1. b) Método y límites

 

Desde el comienzo me pareció necesario delimitar el ar­gumento de estudio para focalizar las cuestiones por tratar. Ciertamente el pensamiento litúrgico de Joseph Ratzinger se encuentra fuertemente expresado en textos como La fiesta de la fe, Un canto nuevo para el Señor y, en modo más extenso,